La médico de familia

La parte más difícil sin duda, es ser consciente de que estás sufriendo violencia de género. En el nivel socio cultural de Julia, con estudios universitarios, una amplia red social, proveniente de una familia de izquierdas, al menos en ideología aunque no tanto en mentalidad, activista social desde los 16 años, encontrarse con que su médico de familia le preguntara a los 40 años si no se daba cuenta de que estaba sufriendo violencia y que debía poner medios para evitarlo, fue un duro golpe.

Ya lo había escuchado, con esas mismas palabras de una compañera de trabajo, pero lo dejó pasar, como borrándolo de su memoria. Pero la médico de cabecera fue más directa. En lugar de darla el analítico a por el que ella había acudido como otras veces a consulta, extendió la mano y vió lo que parecía una derivación de urgencia a psiquiatría.

-Pero yo no estoy loca. Tal vez un poco deprimida.- miró con cara de interrogación a médico.

– Es el primer paso para poder acceder a los servicios sociales derivados del 016. También quiero que vayas a ver a la trabajadora social de la zona, pide hora en el mostrador de la entrada con este otro volante. Y vuelves en 15 días para contarme cómo va todo.

Obediente. Porque la violencia machista, genera mujeres obedientes, que no cuestionan, Julia tomó sus tres volantes y se dirigió al mostrador. Pidió hora sin tener muy claro qué hacía y apuntó en su agenda las citas. Todo como una autómata. Entre una nebulosa.

Ahora había que volver a casa y hacer como si nada de aquello hubiera ocurrido. Y sobre todo guardar los papeles en un lugar seguro.

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